20 de octubre de 2008

Niños en incubadora: viviendo en la cuna de cristal

La experiencia que comenta a continuación la doctora Livia González, psiquiatra infantil de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, es reveladora.

“Se trataba de un prematuro que, tras haber permanecido internado, fue dado de alta y partió a casa con su familia. Durante el último tiempo que estuvo en el hospital nos percatamos de que, a ciertas horas del día, el pequeño se acurrucaba en la incubadora. Posteriormente, su madre nos comentó que en su cuna hacía lo mismo. Al principio, ella creyó que el niño se asustaba con su presencia, pero después descubrimos que tenía que ver con la toma de exámenes; el bebé se arrinconaba en determinados momentos del día porque tenía el doloroso recuerdo de cuando lo sometían a estos procedimientos, mientras estaba en la incubadora”.

Si bien los avances de la ciencia y la tecnología han permitido aumentar las expectativas de vida de muchos niños, también es cierto que las condiciones artificiales en que la mayoría de ellos debe permanecer durante sus primeros días o semanas de vida, no son precisamente propicias para establecer un vínculo afectivo estrecho con sus padres. La incubadora se convierte así en la primera cuna de muchos bebés que, por razones de salud o prematurez, deben quedar internados, mientras sus madres son dadas de alta.

Los brazos vacíos

“Los estudios al respecto han demostrado la importancia de que el recién nacido se contacte con su madre, escuche su voz, tenga un apego precoz y establezca vínculos de contacto, de acción y de estímulos, los que indudablemente están impedidos de realizar cuando el niño es prematuro o tiene alguna patología que requiere hospitalización”, confirma Mónica Guitart, matrona jefe del Servicio de Maternidad de Clínica Santa María.

En términos prácticos, su comportamiento también se ve alterado. “Con frecuencia ocurre que los bebés que han estado hospitalizados adquieren la rutina de este lugar y también algunos miedos. Un hospital siempre mantiene las luces encendidas y hay constantes ruidos, entonces el bebé se acostumbra a éste, su primer ambiente. También sucede con la alimentación y otros procedimientos, donde los pequeños están constantemente alerta”, agrega la doctora Livia González, quien se ha especializado en salud mental perinatal.

En tanto, las madres suelen verse muy afectadas por esta forzada separación. “En estos casos, cuando ella es dada de alta sin su bebé, se produce lo que hemos llamado ‘síndrome de los brazos vacíos’, en que la mujer se cuestiona su real capacidad de ser madre. Puede sufrir ansiedad, insomnio, alteraciones de los ritmos biológicos (como sueño y alimentación), irritabilidad, labilidad emocional, sólo querer estar con el bebé y olvidar las otras actividades que realizaba”, agrega la especialista.

Cuando se trata de pequeños que nacen antes de tiempo, Livia González señala que esta situación “también produce padres prematuros, porque el embarazo psíquico de la madre y el padre es interrumpido, y a menudo está asociado a condiciones traumáticas, porque el parto prematuro interrumpe el normal proceso de desarrollo intrauterino del bebé y le impone condiciones de vida poco naturales, estresantes y difíciles para él y sus padres”.

Con tal escenario, el establecimiento de relaciones afectivas se hace claramente complejo. Señala que los padres deben poder estar cerca de su hijo desde el primer momento, por eso estima muy necesario que el personal encargado permita un mayor acercamiento, “que los padres les hablen, los toquen, miren, les lleven música, les canten y cuenten cuentos, que se ocupen de algunos cuidados de su bebé, como cambiar los pañales, lavarlos y otros pequeños procedimientos médicos que los acercan más al niño. Eso los vincula de manera positiva, haciéndoles sentir que, aún después de todas estas dificultades, pueden cuidar y llevar a buen término el proceso que les ha tocado vivir”, afirma.

El impacto de la separación

“Al recién nacido hospitalizado se le practican procedimientos invasivos, como colocarle suero, puncionarlo y hacerle exámenes, entonces ese niño indudablemente está sometido a un gran estrés”, admite Mónica Guitart. Precisamente con el objetivo de atenuar los potenciales efectos negativos de esta temprana experiencia, Clínica Santa María implementó hace un año el Programa de Intervención Neonatal, que introduce una serie de medidas para reducir el estrés y el impacto de la separación.

Para iniciar el acercamiento, se les incentiva a hablar a los pequeños, ya que estas voces -que él recién nacido reconoce- lo tranquilizan. “Al mismo tiempo, los estimulamos a visitar a sus pequeños constantemente. Para eso tenemos un programa abierto de visitas, en que los papás, además, pueden ir conociendo el estado, la evolución y las atenciones que tienen los niños".

Junto con esto, precisa, tratan de evitar los estímulos exagerados. Para ello, la incubadora es cubierta con una mantilla, de manera de atenuar la luz -que es artificial e intensa- para poder realizar los procedimientos. Lo mismo ocurre con los ruidos. “Los oídos son un órgano que está muy receptivo, por eso tratamos de bajar la intensidad de los sonidos y mantenerlos, el máximo de tiempo posible, en períodos de tranquilidad”. En los momentos de vigilia, utilizan música clásica, que ayuda a apaciguar y bajar los niveles de estrés del niño, además de contribuir a estabilizar sus signos vitales.

Pasadas las 24 horas de vida, siempre de acuerdo a las condiciones de salud, implementan el sistema de ‘útero sustituto’, una medida que pretende emular la contención y protección física del vientre materno. “Para que la incubadora no sea una superficie tan abierta, colocamos algunos pañales enrollados y los acostamos sobre esta contención redonda que quiere parecerse al útero. Además, vamos rotando la posición en cada atención, de manera de no comprimir permanentemente un área del cuerpo, porque en el útero la presión y la fricción son mínimas, gracias al líquido amniótico”.

Una medida que ha dado muy buenos resultados, según esta profesional, es la práctica de masajes. "Está demostrado que el contener, el masajear y el tocar, ayuda a una mayor ganancia de peso del recién nacido prematuro, por eso a partir de la tercera semana, dependiendo de las condiciones de salud, enseñamos a los papás a hacer masajes a sus hijos, sin frotar, sino que comprimiéndolos suavemente, ya que eso los tranquiliza, los estimula y favorece el vínculo con sus padres", señala.

La matrona supervisora del Programa de Intervención Neonatal, Elizabeth Quiñones, comenta esta experiencia. "Ha sido muy grato comprobar que el haber aprendido cómo enseñarle a las madres a tocar a sus hijos sin generarles estrés, hace que ellos establezcan una respuesta positiva, generando el vínculo. Antes, en cambio, cuando la madre hacía intentos por acercarse, a veces eran fallidos, porque no era el momento o porque el niño no quería ese estímulo. Por ejemplo, todo lo que sea frotar les molesta, porque sus receptores están inmaduros", relata.

Favoreciendo el contacto

Del mismo modo, se incentiva el contacto físico. "Si el niño no está en condiciones muy críticas, favorecemos ese contacto piel a piel que no pudo darse inicialmente. A la mamá le pasamos su guagua, con torso desnudo, para que haga apego, e incluso la alentamos a que le hable, le cante y se comunique de la manera que ella pueda hacerlo. Algunos papás hasta les leen cuentos", afirma.

A través de este tipo de medidas, asegura Mónica Guitart, se está incorporando a la mamá a la rutina del niño. "Antiguamente ellas nos referían que tenían un poco de celos hacia las matronas, sentían que no iban a ser capaces de hacer todo lo que hacíamos quienes cuidábamos a sus hijos, entonces nos dimos cuenta que había que ir incorporándolas mucho antes del alta -en el aseo de control y muda de su guagua- de modo que adquirieran experiencia y no llegaran a su casa a enfrentarse a algo desconocido", explica.

Otra acción recomendada está orientada a preparar a la madre para que mantenga su producción de leche hasta que pueda amamantar. "La idea es que, desde que el niño pueda estar en contacto directo con su madre, reciba todo el beneficio que significa amamantarlo, ser acunado, tener contacto visual, sentir la temperatura, el calor de la madre y de esa manera ganar lo que se interrumpió en el nacimiento antes de tiempo", dice esta matrona.

Información obtenida de sitio PadresOK.com